Una generación que "ha crecido en un ambiente más amable y con más libertad", que aventaja "a los mayores y al profesorado en algunos aprendizajes", por ejemplo, en algo tan central hoy día como las nuevas tecnologías, explica el catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia José Gimeno Sacristán. El sociólogo de la Universidad de Salamanca Fernando Gil lo plantea de manera más cruda: "Los profesores se enfrentan a los alumnos, especialmente los adolescentes, más desorientados de la historia. Sin el apoyo de las creencias religiosas e ideológicas, flotan a la deriva del consumismo y de la Red. Tienen los padres más permisivos de la historia, con problemas para ejercer la autoridad, lo cual se observa cuando hay tensiones en el centro, porque se posicionan más del lado del hijo-alumno que del lado del profesor".
La percepción de los docentes españoles sobre el ambiente escolar (la disciplina en el aula, las relaciones profesor-alumno) es la peor de los que han participado en el Informe Talis de la OCDE, que ha encuestado a 90.000 profesores de 23 países. Mientras unos docentes se quejan de que se les ha despojado de autoridad (reclaman más castigos disciplinarios, por ejemplo), otros explican simplemente que hoy la autoridad hay que ganársela en el aula, como ocurre en todos los ámbitos políticos y sociales de una sociedad en la que el margen de decisión a todas las edades, no sólo en la etapa escolar, ha aumentado espectacularmente en las últimas décadas. Lo que es evidente es que eso ha cambiado en los institutos desde los años ochenta, cuando empezó a trabajar buena parte de los profesores actuales.
Francisco Caballero, profesor desde hace 39 años, en primaria y, luego, en secundaria, explica que cuando él empezó, los alumnos "obedecían, por miedo, por respeto o lo que fuera". Esto duró hasta el 1980 o 1985, cuando los alumnos "empezaron a darse cuenta de que no tenían que obedecer, y sobre todo, que si no obedecían, no pasaba nada". Si al principio eran pocos los alumnos que respondían mal al esquema clásico de la disciplina en clase, luego fueron más, aunque, por supuesto no lo son todos. Caballero, maestro de Matemáticas en un instituto Toledo, no está ni de lejos en la categoría de "profesores quemados", se le nota enamorado de su profesión aún después de tantos años, no culpabiliza a los chavales y ofrece multitud de matices que dibujan la situación: los institutos han pasado de acoger un porcentaje pequeño de la población a intentar enseñar al 100% de jóvenes hasta los 16 años, a los buenos, a los regulares y a los malos (académica y disciplinariamente hablando); en lugar de solucionar los problemas entre todos, profesores, administraciones y familias se echan la culpa unos a otros; los profesores, muchos desanimados, trabajan de espaldas entre ellos (los docentes españoles también son de los que menos colaboran entre ellos, según el informe Talis).
Todo ello ha provocado un fuerte choque en la escuela, sobre todo en los institutos que acogen a los adolescentes. ¿Y cómo reaccionan los profesores? Para el sociólogo Carles Feixa, "a la defensiva, se blindan". Para el docente de instituto madrileño y experto en educación Miguel Recio, "lo afronta desorientado, muchas veces con un gran coste personal y, a veces, recurriendo al corporativismo".

Hay quien pide adaptar los contenidos y las formas de enseñar para acercarlos a una generación que se aburre de muerte en las clases porque la mayor parte de lo que les ofrecen no tiene nada que ver con ellos (un ejemplo: alumnos capaces de distinguir la estructura morfológica de una oración pero no se saben expresar); y los que reclaman la vuelta al contenido clásico, a los conocimientos puros y duros que tradicionalmente se ha aceptado que merecen ser transmitidos.
"La falta de motivación por parte de los estudiantes es la consecuencia y no la causa del problema", dice Andreas Schleicher, director del Informe Pisa de la OCDE que mide los aprendizajes de los chavales de 60 países a los 15 años -porque es éste un debate que trasciende las fronteras españolas-.
Schleicher asegura que lo que se enseña en la escuela cada vez está más alejado de lo que hace falta para salir adelante en las sociedades modernas. "Los jóvenes dominan las tecnologías y los contenidos de la comunicación, pero cuando llegan a la escuela lo primero que les dicen es que apaguen ese botón. Cuando se inventó la escuela pública, todo lo que pasaba allí tenía sentido. A los jóvenes les ofrecían en la escuela conocimientos y destrezas que les iban a durar toda la vida", añade, pero ya no es así.
El experto británico en didáctica de las ciencias, hoy en la Universidad de Stanford (EE UU), Jonathan Osborne considera que Internet ha puesto en cuestión el papel clásico del profesor, el de proveedor único de información y conocimiento. Con ese 100% de adolescentes escolarizados hasta los 16, "la enseñanza puede ser más heterogénea y los docentes se van a encontrar con una gran variedad de necesidades", esto es, que enseñar, algo que nunca ha sido fácil, se convierte en una tarea todavía más difícil.
De hecho, cuando en el informe Talis preguntaron a los docentes españoles en que necesitan más formación, un buen porcentaje habla del control de la disciplina (18%), pero muchos más reclaman más formación en nuevas tecnologías (26%) y, sobre todo, en atención a necesidades especiales de aprendizaje (35%).
Los cambios que se proponen son de tipo: desde simplemente atraer a los alumnos con cosas cotidianas (Francisco Caballero, siempre cuenta cómo usa el recibo de la luz para enseñar Matemáticas), hasta los más revolucionarios que piden reducir el número de materias, hoy muchas y estancas, y pasar a un tipo de enseñanza más parecido al que puede haber en Internet, es decir, ir saltando de un tema a otro, de un área a otra sin corsés.
En el lado opuesto está Ricardo Moreno, docente y autor del Panfleto Antipedagógico. "Los niños, de toda la vida, han preferido estar jugando con sus amigos que ir a la escuela". Para Moreno es claramente el sistema lo que ha fallado, pero no por falta de adaptación a las nuevas necesidades, sino por todo lo contrario: "Hay que volver a la escuela autoritaria y conservadora. La escuela tiene que ser autoritaria (lo que no quiere decir andar con el cinturón) y conservadora, porque su misión es transmitir el saber que debe ser conservado. En música hay que enseñar a Beethoven y no la canción del verano". Echa la culpa a la ley educativa que aprobó el PSOE a principios de los noventa del siglo pasado: "Es un sistema que no educa, que no exige. Los alumnos necesitan rutina y disciplina y el profesor a veces tiene que ponerse ceñudo".
Una y otra visión de la enseñanza tienen mucho que ver, además, con el clima escolar, según el informe Talis de la OCDE. Por ejemplo, en Hungría, Italia, Corea del Sur, Polonia y Eslovenia, los profesores que creen en una enseñanza más participativa del alumno son más propensos a decir que el ambiente en clase es bueno. Mientras, los docentes que prefieren la transmisión directa de los conocimientos, la clásica, la unidireccional en la que el maestro enseña y el alumno escucha y aprende, tienden a ver más problemas de disciplina. Esto ocurre en Bélgica, Corea del Sur, Noruega, Polonia, Portugal, Eslovenia y España. En la mayoría de los países la idea del profesor facilitador tiene más aceptación (en España, en realidad, están muy igualadas las dos visiones), pero otra historia es ponerlas en práctica, algo que, en general, les cuesta.
Manel Perelló, director del instituto público Josep Sureda i Blanes de Palma de Mallorca y docente desde hace dos décadas, cree que el principal problema es que a los docentes no se les está formando para enseñar en la escuela de hoy, sino en la de hace muchos años. "Hay muchos profesores que se han formado y se han adaptado sobre la marcha, pero no podemos depender de eso", dice este profesor que no sólo reclama más formación inicial (un máster de un año va a sustituir el cursillo para acceder a profesión de profesor de secundaria), sino un cambio en el sistema de acceso a la profesión.
Rafael Porlán, catedrático de Didáctica de las Ciencias y miembro de la Red Ires (formada por docentes de todos los niveles que promueven una enseñanza distinta de la tradicional), señala como uno de los problemas la escasa vocación entre los profesores de secundaria: "Cuando se les pregunta qué son, muchos responden matemático o filólogo, en lugar de profesor", dice. Porlán habla de cosas que han cambiado en los adolescentes -"Es cierto que son menos dóciles"-, y de cosas que siguen igual -la crisis de la adolescencia, la búsqueda de la identidad, la inconsciencia-, pero insiste, como Gimeno Sacristán, en que no se puede criminalizar a unos jóvenes que no son más que el producto de una sociedad y de unos adultos que a lo largo de toda la historia han tenido dificultades para conectar con sus menores. Y sobre todo, "porque cuando tú les ofreces otro modelo distinto, hasta los alumnos más difíciles responden", asegura Porlán mencionando un proyecto que consiguió mejorar el ambiente en un instituto muy conflictivo de Sevilla a través de la asignatura de Plástica: pusieron a los chavales a reproducir obras de arte que hoy decoran el centro.

"Los métodos de transmisión son más atractivos fuera que dentro de la escuela. Es cierto que los hay que no quieren estudiar, pero si es así, preguntémonos qué se les ofrece. El profesorado no es formado en estos temas, afronta los retos como si fuesen riesgos. Probemos a implicarlos en asuntos que les conciernen, que aprendan sobre sexualidad en lugar de hacerlo sobre el esquema del aparato reproductor", dice Gimeno.
A mitad de camino, en esa zona de grises, está el director de instituto Manel Perelló. "La visión conservadora a menudo es un discurso muy antiguo, pero lo otro
[cambiar radicalmente contenidos, métodos, incluso los espacios escolares] muchas veces es simplemente ir a buscar lo más novedoso", dice. Está de acuerdo en que ha cambiado el concepto de disciplina, que la exigencia se va reduciendo, pero como reflejo de la sociedad, no por lo hábitos escolares: "Durante muchos años ha sido fácil encontrar trabajo, incluso sin formación", dice desde una comunidad, Baleares, donde muchos han ligado sus altísimas tasas de abandono escolar temprano, del 44%, a la abundancia de trabajos en hostelería. Por otro lado, Perelló cree que los cambios son necesarios, pero que no deben ser demasiado ambiciosos.
En todo caso, desde el blanco, el negro o el gris, todos parecen reclamar una revisión de un sistema que no está donde la sociedad reclama (todo el mundo se lleva las manos a la cabeza cuando salen los resultados de España en el informe Pisa), en un país donde se suceden las leyes educativas sin llegar nunca a un gran pacto de Estado entre partidos, sindicatos y padres (el nuevo ministro de Educación, Ángel Gabilondo, se ha propuesto de nuevo alcanzarlo a pesar de los desesperanzadores precedentes).
Y, si parece que, como asegura el informe Talis de la OCDE, como coinciden tantos estudios y tantos expertos, la verdadera diferencia en educación la marcan los profesores, parece lógico empezar atacando su desorientación. "El reto de la escuela es crear buenos sistemas de apoyo para que cada profesor sea consciente de sus propias debilidades, y eso significa muchas veces cambiar lo que ellos creían que era mejor. Es necesario ofrecerles buenas prácticas en cada área específica y, sobre Análisis
todo, motivarles para llevar a cabo los cambios necesarios, lo cual se puede hacer a través de sencillos incentivos materiales", dice Andreas Schleicher.
Si bien este artículo fue escrito y basado con datos provenientes de España, comparto que muchas de las ideas planteadas se acercan bastante a la realidad de nuestro país.
En chile existen graves problemas respecto a la indisciplina, por parte de los alumnos y la poca autoridad o hacia el mismo profesor.
El artículo señala una pregunta clave: ¿Se debe volver a la autoridad disciplinaria en la clase o debemos modernizar la enseñanza?, según el informe Talis, muchos de los docentes en lugar de solucionar los problemas entre todos, los profesores, administradores, gobiernos y familia, se echan la culpa unos a otros, los profesores muchos de ellos desanimados, trabajan de espalda entre ellos.
Según el sociólogo Carles Feixa, los profesores frente a esta conducta indisciplinaría, se comportan defensivamente, se blindan. Por lo tanto visiblemente el problema va mas allá de la pregunta planteada, en esta nueva era no podemos llegar a imponer autoridad y disciplina, como en la antigüedad, en donde muchos de los alumnos entraban con miedo a las aulas de clases, y dónde el maestro era el único poseedor de la verdad y del conocimiento, dónde no se permitía la reflexión, la crítica o el análisis de los alumnos. En la actualidad este método sería imposible, los alumnos viene ya con sus ideas claras, con ganas de participar en las clases de opinar, criticar y por qué no decirlo de cuestionar los conocimientos o enseñanzas planteadas por el maestro. Por lo tanto, estoy de acuerdo con unas de las ideas planteadas en el texto, la cual cito a continuación:”
Hoy la autoridad no se debe imponer, sino que se debe ganársela en el aula, como ocurre en el ámbito político y social.”En países como Hungría, Italia, Corea del sur, Polonia y Eslovenia, los docentes creen en una enseñanza más participativa por parte de los alumnos, quienes son más propensos a decir que el ambiente es bueno. Por otra parte aquellos profesores que prefieren el modelo clásico, en el que el maestro enseña y el alumno aprende y escucha, tienden a tener más problemas disciplinarios.
Es por esto, que mi posición es firme respecto a este tema, los alumnos deben sentirse acogidos y respetados por los docentes, los que a su vez deben entregarles espacios de opinión y reflexión, en las clases, lo que permitirá que el alumno se sienta a gusto y deseoso de participar, otorgándole al profesor el respeto y la atención que este merece.
Otras de las ideas planteadas en el artículo, es el uso de las tecnologías en las enseñanzas, las cuales son muy utilizadas por los niños y adolecentes, los que viene interiorizados en este mundo tan accesible a la información actualizada.
Es necesario que los profesores se capaciten en esta área, que los más antiguos se modernicen y que se hable el mismo lenguaje informático académico entre profesores y alumnos. Andreas Scheicher, director del informe de Pisa de la OCDE, que midió el aprendizaje de los niños provenientes de 60 países y de la edad de 15 años expuso: “Los jóvenes dominan las tecnologías y los contenidos de comunicación, pero cuando llegan a la escuela lo primero que les dicen es que apaguen ese botón”. Cómo los alumnos se van encontrar desmotivados y aburridos frente a hechos como este. El experto británico Jonathan Osborne considera que internet ha puesto en cuestión el papel clásico del profesor, el de proveedor único de información y conocimientos.
Si pensamos fríamente en esta frase, bien podía llegar a tener efectos; pero para mí aun sigue siendo importante la figura del profesor en las salas de clases, solo que este debe acom
odarse a las nuevas exigencias de la sociedad que estamos inmersos.En Chile el tema de las tecnologías no es ajeno, acá también ocurre la desventaja de que muchos docentes no se encuentran capacitados para utilizar estas herramientas, la única diferencia con los demás países, es que si bien es cierto la mayoría de los niños tienen acceso a internet, otros tantos que provienen de zonas alejadas como el sur del país o de los pequeños poblados del norte, no tienen acceso aún a computadores, ni mucho menos a internet, es por esto que Chile primero debe implementar por completo en el uso de las tecnologías, luego capacitar a sus docentes y quienes lo necesiten, para que puedan utilizar estas herramientas educativas y mejorar así una parte de la educación.
Para finalizar este análisis quiero citar a Miguel Recio, quien dice:” la falta de motivación por parte de los alumnos, es la consecuencia y no la causa del problema.”
Como profesores debemos ser capaces de motivar e incentivar a nuestro alumnos, solo así evitaremos comportamientos indisciplinaros y generaremos el respeto y la admiración de nuestros alumnos.

CONCLUSIÓN
Hace algunas décadas, la disciplina era considerada como un requisito necesario para poder desempeñar en la tarea educativa, en este análisis podemos ver cuál es la gran problemática indisciplinaría, con la que se encuentran los profesores hoy en día, el problema central es las diferencias del “lenguaje” entre profesor y el alumno, quienes ahora no tiene miedo de plantearle sus dudas, o aportes respecto a alguna materia en la clase, no como hace algunos años atrás, en donde la figura del profesor era de mera autoridad y respeto, donde solo él, capaz de entregar su opinión y de decidir cuándo se intervenía en la clase.
Este tema es de mucha importancia para los docentes en formación de la actualidad, los que deberán enfrentarse a niños con habilidades mucho más avanzadas que las de antaño, ganarse su respeto y que estos tomen sus aprendizajes es lo que debe importar, el docente debe ganarse la admiración del alumno, que este se motive en su clase, que acuda con ganas de participar y de aprender algo nuevo clase a clase, la motivación de ese niño o niña por la enseñanza del profesor va ser el concepto de disciplina y respeto que se enfocará en el mañana. Para esto es importante que el profesor y el alumno estén conectados en la misma frecuencia educativa y social, que los profesores conozcan las nuevas tecnologías y que hagan uso de ellas en sus clases, para que los alumnos sientan que la educación también avanza con la sociedad en materia tecnológica.
Esa debe ser nuestra visión como futuros docentes, debemos entregar aprendizajes eficaces y atractivos, con un grado de dificultad ajustado y con un apoyo necesario, que favorecerá el espacio educativo y la relación de profesor, alumno que debe estar ligada a la confianza, pero sin dejar de lado la exigencia
AUTOEVALUACIÓN
1 Presento un texto que trata los temas desde una perspectiva educativa y es de mucho interés. (esto por que todos mis compañeros y compañeras están invitados a leer mis textos y comentarios) (5)x
2 Presento un texto que tiene una extensión mínima de al menos el equivalente en Word a 3 hojas de oficio. (el máximo no está regulado) (5)x
3 La presentación la he realizado de tal manera que sea de fácil lectura (respecto al color, tamaño y diseño de la letra) y se puede distinguir con claridad, en la presentación, el texto de mi análisis. (5) x
4 Le he incorporado al texto algunos gráficos o dibujos o fotografías alusivas al tema tratado, pues considero que esto invita a una lectura más amena y denota más interés por parte del o la autora del blog (y he incorporado mi propia fotografía) x (5)
5 Inicio mi análisis planteando como yo entiendo lo desarrollado por el autor (parafraseo) x (5)
6 Durante el análisis planteo con claridad mis planteamientos, críticas, puntos concordantes o discordantes con el autor/a.(5) x
7 Durante el análisis utilizo frecuentemente el recurso “citas de otros autores” para reforzar lo que he planteado yo, o algún punto que considero importante tratado por el autor del texto.(5) x
8 Las citas que utilizo son de diversas fuentes, tales como, otros autores buscados por mi, autores o ideas tratadas en clases, citas de presentaciones o disertaciones de mis compañeros, citas de artículos anteriores, etc. (4)x
9 Realizo en mi análisis aplicaciones o referencias a nuestra realidad educativa si es un texto extranjero, o a realidades educativas que yo he vivenciado para explicar con un sentido contextual el texto presentado.(4) x
10 En el último punto del análisis presento una síntesis de lo que he querido expresar, a modo de conclusión.(4) x
Suma parcial de puntos de cada columna:
Mi suma total de puntos, según la suma parcial anterior, es de: 46 puntos.
La nota de mi autoevaluación es: 60


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