1° ARTÍCULO
Violencia Escolar:”La Antesala de un Destierro”
Raúl Zarzuri: Sociólogo. Director e investigador del centro de estudios socio culturales.
“Existe un alto nivel de alumnos que llevan armas a sus colegios” planteaba la alcaldesa de Huechuraba y apuntaba a un reportaje de televisión sobre una iniciativa que busca enfrentar la violencia en los colegios de la comuna, mediante la original idea de instalar detectores de metales para prevenir el ingreso de armas en los establecimientos y así también la violencia.
Lo primero que habría que señalar, es que debería hacerse una lectura más precisa de la encuesta que se aplicó a estudiantes de entre 5º básico y 4º medio del Centro Educacional de Huechuraba, porque se presta para malas interpretaciones por la falta de rigurosidad en la interpretación de las cifras. Lo primero, y considerando que el universo de la muestra fue de 362 alumnos, es que un 6% de los entrevistados reconoce haber llevado un arma al liceo. O sea, en números concretos, 21 niños.
A pesar de ciertos eventos de violencia que pueden ser catalogados como significativos, no se puede distorsionar la realidad de las escuelas y particularmente la de sectores populares, como espacios peligrosos.
Por otra parte, un 4% reconoce haber usado un arma
para pelear con un compañero. O sea, 14 niños. Entonces, no estamos frente a datos que permitan construir un discurso/espectáculo sobre la violencia con mayúscula en los establecimientos educacionales de la comuna. Tampoco se puede realizar un ejercicio donde se homologue el “visionado del porte de armas” que alcanza en la muestra a un 31% (“haber visto a un compañero armado dentro del colegio”), con “porte de armas”, cuestión que es algo totalmente distinto, y que sólo aumenta la alarma pública.
Supondremos que no ha sido mala intención y que todo es producto de una confusión a la hora de leer e interpretar cifras de porcentajes. Los números suelen jugar malas pasadas.
Habría que señalar también que no es que los porcentajes no sean significativos. De hecho lo son, en la medida que afectan a niños y jóvenes de carne y hueso, por lo tanto, no es un mero dato estadístico, sino que reflejan situaciones muchos más complejas, que deben ser leídas como indicadores o manifestaciones o síntomas de problemas muchos más profundos en la comuna en particular y nuestro país en general. Por lo tanto, se comete un error al considerar la violencia en los colegios como una causa. De hecho, entrevistado por CNN, el director del establecimiento en cuestión, señaló que las riñas entre los menores eran originadas por rencillas anteriores de sus familias, las cuales se reproducían en el espacio escolar.
La violencia ha comenzado a aparecer como un “hecho casi cotidiano” en la sociedad chilena, cuestión que se puede observar en las violencias ejercidas sobre los niños y jóvenes, que según datos de UNICEF alcanzan porcentajes sobre el 75%. Por otra parte, hablar de la violencia no es sencillo y definirla tampoco. La violencia en la sociedad siempre ha existido, por lo que es difícil afirmar si hoy en día existe más violencia o no. Al parecer sí se puede señalar que la violencia hoy asume diversas caras, o sea, han cambiado sus manifestaciones y de hecho hoy debemos pluralizar el concepto a violencias, ya que sus expresiones son múltiples.
Por otra parte, l
os jóvenes viven en un sistema que es muy restringido culturalmente, legal, social y político, donde precisamente la imagen que se tiene de ellos es que no son suficientemente capaces de administrar su vida. Por lo tanto, gozan de pocas libertades y recursos, que lleva a la construcción de un cierto malestar entre los jóvenes que puede desencadenar en hechos violentos y que paradojalmente van a ser utilizados para tratarlos con menos respeto y más castigo (ver los intentos de penalizar el graffiti o la aplicación de ley de responsabilidad juvenil). Tampoco se puede olvidar que en casi todos los países, son los adolescentes y los adultos-jóvenes las principales víctimas y perpetradores de dicha violencia, lo cual no es posible de enfrentar aislado de otros comportamientos problemáticos, como por ejemplo la deserción escolar, el abuso de sustancias psicotrópicas, la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil, etc.
La experiencia en países como Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña o los países nórdicos, nos muestran que la instalación de detectores de metales no soluciona el tema de la violencia, al contrario se incurre en nuevas formas de estigmatización. Este tipo de aparatos se instala siempre en escuelas donde estudian niños y jóvenes pobres, haciendo insuficientes este tipo de intervenciones.
Las intervenciones en el “primer mundo” privilegian los enfoques integrales, más que la prevención física, situacional o basada en la exclusión escolar; privilegian los enfoques más preactivos que los enfoques reactivos y punitivos; privilegian las visiones de una escuela como un sistema, sin dejar de lado al individuo, pero enfatizando las relaciones escuela y comunidad, escuela y familia, escuela y necesidades de los docentes, entre otros. Esto supone también, los aportes de otros profesionales de las ciencias sociales (psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos, etc.) para construir una mirada más interdisciplinaria a la hora de intervenir en realidades tan complejas como la violencia.
Hasta acá, está claro que estas realidades requieren ser abordadas de manera multidimensional y, por sobre todo, como un asunto de relevancia pública, donde deben estar todos los actores sociales (Estado, autoridades locales, policías, sociedad civil, los niños y jóvenes, etc.) involucrados y comprometidos de manera activa en la búsqueda de soluciones eficaces e integrales para superar este problema, que más que un problema de violencia debería verse como una situación de (in)seguridad, lo cual evidentemente cambia la forma de enfrentar esta situación.
Por último, habría que señalar que las escuelas siguen siendo un lugar seguro, por lo tanto, a pesar de ciertos eventos de violencia que pueden ser catalogados como significativos, no se puede distorsionar la realidad de las escuelas y particularmente la de sectores populares, como espacios peligrosos. Esta situación llevaría a un discurso negativo y estigmatizador sobre estos espacios y los niños y jóvenes que los habitan, que hacen que se demonicen ciertas prácticas juveniles y espacios, donde el uso de la violencia es un recurso más o menos recurrente a nivel societal, pero no exclusivo de estos segmentos de edad ni de estos espacios.
La demonización y el estigma sobre la violencia puede transformarse en la antesala del destierro para un grupo significativo de jóvenes, dado que este concepto es un atributo profundamente desacreditador, que hace a sus portadores ser y sentirse extraños a los ojos de quienes se sienten normales; es alguien que no es “apetecible socialmente”, lo que puede reducir a una persona –en este caso los niños y los jóvenes- en un ser menospreciado, profundamente desacreditado, cuestión que nuestra sociedad debe evitar a toda costa. Así, no hay niños ni jóvenes “malos”, como tampoco hay escuelas que sean “malas”. Son lo que hemos construido como sociedad, nada más ni nada menos.
ANÁLISIS
En este articulo, el autor trata de abordar el tema de la violencia escolar, como un tema no exclusivo de las escuelas; si bien, esta se produce en la mayoría de los establecimientos educacionales de nuestro país, no quiere decir que su origen sea radicalmente en ella.
En el artículo se cita una aclaración de la alcaldesa de la comuna de Huechuraba, quién plantea el alto nivel de alumnos que llevaban armas a sus escuelas, esto a raíz de la idea que se origino en esta comuna de poner al igual que en países de América del norte, detectores de metales, los cuales tienen la función de prevenir el ingreso de armas en los establecimientos y la “violencia escolar”.
Por supuesto, debemos tomar en cuenta de que un suceso como este en nuestro país, produciría un impacto social y cultural, donde si bien es cierto el índice de violencia y matonaje escolar es alto, esto traería consigo el encasillamiento de que las escuelas públicas no serian seguros. (Debemos recordar que es en establecimientos públicos es donde se encuentran los alumnos con mas bajos recursos, por lo tanto, se le asocia con un mayor índice de violencia).
Estoy muy de acuerdo con el planteamiento del autor en este punto, si bien en la encuesta realizada por el Centro Educacional de Huechuraba, el cual se aplicó a estudiantes, de 5° a 4° medio, donde los resultados arrojaron cifras como, que el 6% de los alumnos entrevistados reconoce haber llevado un arma a la escuela, lo que equivale a un total de 21 niños y otro 4% reconoció usar estas armas en peleas con sus pares; osea, un total de 14 niños. No se puede encasillar a todos los alumnos y establecimientos de un país, aunque las cifras en este caso son importantes, también estas se prestan para malas interpretaciones, además se señala que la mayoría de las riñas se originaban por rencillas familiares anteriores, las cuales se reproducirían en el colegio.

Estudios de la UNICEF, muestran que la violencia en general, aparece en la vida cotidiana de la sociedad chilena, y no solo de la sociedad chilena, si no que de varios países del resto del mundo, como por ejemplo, en España, donde casos como estos también se perciben.
Pedro Ayerbe, catedrático del país vasco dice:” La violencia en la educación Secundaria obligatoria, no están grave”; según estudios y encuestas realizadas por él, entre 800 alumnos, 400 docentes y 750 padres, reveló que factores como la indisciplina en los establecimientos y la “falta de supervisón familiar” de los alumnos, así como la pérdida del respeto y las normas, el querer llamar la atención, son determinantes en originar violencia.
Por lo tanto, debemos centrar nuestra atención a estos factores, y no traer ideas tan “originales” como los detectores de metales. ¿Cómo ayudar? , esa es la pregunta, bueno primero se debería centrar en buscar apoyo en las familias de los alumnos conflictivos, la comunidad y también buscar el apoyo de profesionales como (psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos etc.) No dejemos dejar que la escuela sola se haga cargo, ya que esta comprobado que se debe comprometer a todos los actores sociales y al estado también.
Por otro lado, con la instalación de detectores de metales, no se estaría dando una solución 100% efectiva, si no que, como bien dice el artículo, lo que provocaría seria denigrar la educación publica, además de mostrarlos como establecimientos no seguros, para el resto de la sociedad.
En países como Canadá y EE.UU., donde ya se ha implementado, muestra que en vez de solucionar el problema, solo ha estigmatizado a las escuelas.
Es por eso, que me enfoco en los dichos de autor cuando dice:”La disciplina es la capacidad ordenada y perseverante para conseguir un bien”. Es ahí por dónde se debe empezar a trabajar, como antes ya lo mencione, empezando por el hogar; la familia es el pilar más importante para el ser humano, por ende, para los niños y jóvenes, es el factor que los sostiene psicológicamente, emocionalmente y físicamente. La disciplina es el valor de la armonía, porque todo guarda su lugar y su proporción.
Pedro Ayerbe lo señalaba en su estudio: “se debe comenzar a impeler a padres y educadores a hacer respetar las normas desde la primera infancia”.
Por supuesto todo debe ser un conjunto, ayudarse mutuamente entre escuelas y padres, escuela y comunidad y sectores públicos.
CONCLUSIÓN
En este artículo, hemos analizado a la violencia como el hecho actual de la sociedad, dándonos cuenta que este hecho cotidiano no está presente solo en los colegios, si no que radica de la sociedad en sí.
Creo que para enfrentar este problema correctamente, como sociedad y como país debemos hacernos cargo. Me sumo también, ya que, como futura profesional de la educación estaré en la obligación de velar por mis alumnos, de ayudarlos a lograr un mejor aprendizaje y a enfocarme en aquellos que tengan problemas para aprender, sobretodo en mejorar su conducta y disminuir la violencia en los alumnos que la presenten.
Como educadores debemos mostrar que las escuelas publicas, si son un lugar seguro, donde se puede mejorar la educación de los niños de escasos recursos, los cuales no tienen acceso de optar a colegios privados, y no creer que por algunos hechos de violencia, se transforme esta realidad, se juzguen estos espacios y se preste para malas especulaciones de que es un lugar peligroso.
Por lo tanto debemos enfocarnos en la unión y el fortalecimiento de la educación a nivel nacional, comprometiéndonos como sociedad a reaccionar frente a los hechos violentos y a prevenirlos. Se debe dar una atención especial a los alumnos que presenten esta conducta y también se debe prestar una antensión a la victima, entregándole apoyo psicológico en todo momento.
Para finalizar quiero concluir citando al autor que dice:”No hay niños ni jóvenes malos, como tampoco hay escuelas que sean malas, son lo que hemos construido como sociedad, nada más ni nada menos”.
AUTOEVALIACIÓN
| 1 | Totalmente en desacuerdo | No presento en ningún grado desarrolladas las característica planteadas en el enunciado. |
| 2 | En desacuerdo | Hay algunos elementos desarrollados (muy pocos) de los solicitados en el enunciado. |
| 3 | Ni de acuerdo ni en desacuerdo | Solo a veces presento los elementos que se piden en el enunciado. |
| 4 | De acuerdo | Ejecuto frecuentemente, en su análisis, lo solicitado en el enunciado. |
| 5 | Totalmente de acuerdo | Realizo todo lo planteado en el enunciado. |
| | RUBRICAS/PUNTOS | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
| 1 | Presento un texto que trata los temas desde una perspectiva educativa y es de mucho interés. (esto por que todos mis compañeros y compañeras están invitados a leer mis textos y comentarios) | | | | | |
| 2 | Presento un texto que tiene una extensión mínima de al menos el equivalente en Word a 3 hojas de oficio. (el máximo no está regulado) | | | | | |
| 3 | La presentación la he realizado de tal manera que sea de fácil lectura (respecto al color, tamaño y diseño de la letra) y se puede distinguir con claridad, en la presentación, el texto de mi análisis. | | | | | |
| 4 | Le he incorporado al texto algunos gráficos o dibujos o fotografías alusivas al tema tratado, pues considero que esto invita a una lectura más amena y denota más interés por parte del o la autora del blog (y he incorporado mi propia fotografía) | | | | | |
| 5 | Inicio mi análisis planteando como yo entiendo lo desarrollado por el autor (parafraseo) | | | | | |
| 6 | Durante el análisis planteo con claridad mis planteamientos, críticas, puntos concordantes o discordantes con el autor/a. | | | | | |
| 7 | Durante el análisis utilizo frecuentemente el recurso “citas de otros autores” para reforzar lo que he planteado yo, o algún punto que considero importante tratado por el autor del texto. | | | | | |
| 8 | Las citas que utilizo son de diversas fuentes, tales como, otros autores buscados por mi, autores o ideas tratadas en clases, citas de presentaciones o disertaciones de mis compañeros, citas de artículos anteriores, etc. | | | | | |
| 9 | Realizo en mi análisis aplicaciones o referencias a nuestra realidad educativa si es un texto extranjero, o a realidades educativas que yo he vivenciado para explicar con un sentido contextual el texto presentado. | | | | | |
| 10 | En el último punto del análisis presento una síntesis de lo que he querido expresar, a modo de conclusión. | | | | | |
| Suma parcial de puntos de cada columna: | | | | | | |
| Mi suma total de puntos, según la suma parcial anterior, es de 45 puntos. | ||||||
| La nota de mi autoevaluación es: 63 | ||||||
| La nota se obtiene multiplicando el puntaje total por 0.14 (Ej.: 50 ptos. Por 0.14 = 7.0) | ||||||


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